30 cuentos cortos en 30 días: #1 El Tesoro del Abuelo


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Imagen cortesía de VectorStock

Recuerdo que ese día jugaba a policías y ladrones con mis hermanos en la sala, mientras el abuelo ya estaba cumpliendo su decimoquinta hora viendo lo que ofrecían los canales de televisión, mudo, pero sí, muy atento.

Mi madre estaba a punto de servir la cena mientras mi padre acababa de llegar del trabajo. Lo primero que hizo fue ajustar la hora de su magnífico reloj, recuerdo que a mi padre le encantaba tanto ese reloj como a mis autos de juguete o mi primo las revistas que esconde debajo del colchón. Y el abuelo sigue sentado otra hora frente al televisor.

Sonó el timbre, justo cuando estábamos a punto de comer, mi madre, con una mueca de molestia, intuye que los visitantes incómodos son los evangélicos que de vez en cuando insisten en vendernos sus revistas "Atalaya" mientras insisten en que nos unamos a su adoración. Y el abuelo se quedó mirando la televisión.

Me doy la vuelta para abrir la puerta pero no sin antes preguntar: ¿Quién llama? Cuando no recibo una respuesta, decido abrir, solo para certificar que no hay nadie. Me equivoqué, de la nada aparecieron cuatro hombres vestidos de negro, uno de ellos armado con una pistola que no dudó en presentármela. Y el abuelo se quedó mirando la televisión.

Nos sometieron y luego nos hicieron sentarnos en el sofá mientras saquearon nuestros valores más preciados: las joyas de mi madre, el reloj de mi padre, nuestros juguetes; se llevaron hasta la cena, sí, también le robaron la televisión que el abuelo amaba tanto.

Una vez que los malechores se fueron, estábamos contando los bienes robados, lamentando amargamente lo que sucedió. Mi madre lloraba desconsolada, mi hermano y yo la abrazamos con tristeza mientras mi padre nos daba ánimos, hasta que de la nada surgió una gran carcajada, fue el abuelo quien se rió como un loco agradeciendo su fortuna. Mi padre muy molesto le preguntó: ¿De qué te estás riendo, viejo pendejo? El abuelo se levanta lentamente, abre el baúl donde siempre se sienta, el que siempre coloca frente al televisor y sonriendo dice: ¡Mis botellas de whisky ne se las llevaron! .

Carlos D. Pérez Guerrero / @waraira777


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