Mira detrás de ti...


“Atrás, no solo queda el pasado, ese que muchos definen como un lugar al que no vale la pena volver jamás, también queda una parte muy importante de nuestras vidas. Esa parte que nos convirtió en la persona que somos ahora”.

Esas eran las palabras de Ana, mi mejor amiga, cuando hablamos con el profesor de sociología, Juan, sobre lo que representa el pasado para cada uno de nosotros. La respuesta que Ana le dio me dejó pensando sobre eso de “mirar detrás de ti” ¿Para qué? Si no hay nada que buscar. Solo recuerdos tormentosos que quisiera olvidar.

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En mi pasado no hay nada bueno, positivo o agradable para buscar. Es una vida que me esfuerzo por no recordar y que todavía Ana no conocía. A pesar de que era mi mejor amiga, habían cosas que no me atrevía a contarle, sobre todo lo que pasó aquel día…

Esa noche, fue una noche como todas desde que tenía 12 años. Beber alcohol, fumar hierba y acabar en el sofá de cualquiera de los imbéciles que decían ser mis amigos.

Salimos del bar, estábamos muy ebrios (como siempre) y un poco pasados por los porros que nos fumamos. Ese día, como tantos otros, se me salió de las manos.

Esa noche fue como todas, acechar lugares que no conocíamos, beber, fumar y atacar a mujeres indefensas que estuvieran a nuestro alcance.

De camino a casa de Andrés, vimos una chica que iba caminando, sola, de buen cuerpo y distraída. Alfredo, el idiota que manejaba, aparcó, yo no bajé, sabía lo que iba a pasar y esa noche no quería participar.

Todos bajaron del auto, Juan, Andrés y Alfredo, cada uno de ellos con más droga y alcohol en el cuerpo que cualquier drogadicto de Madrid en los años 70´s.

¿A dónde vas hermosa? ¿Te podemos llevar? Dijo Juan, mientras el resto de idiotas solo acechaba. La chica los ignoró, no respondió, pero eso no la salvó…

Yo no miré, no me parecía nada agradable lo que hacíamos, así que decidí que por lo menos a ella, esa noche, yo no la tocaría. En ese momento entendí que debía dejarlo, y así lo hice.

Nunca supe quién fue esa chica, pero sí sé que esa fue la última violación en la que participé. No sé si fue el alcohol, el porro, la noche o Dios quien me iluminó, lo que sí sé es que esa noche lo dejé, los dejé.

Agarré mis cosas, un tiquete de avión y terminé aquí, en Madrid, con una nueva vida, estudiando, con mejores amigas y sin ninguna intención de recordar lo mal que viví y el daño que causé, aún siendo mujer.

Estaba hundida en mis pensamientos, recordando mis miserias, mirando detrás de mí, observando a ese pasado que me atormenta las noches, cuando Ana me dijo: ¿Ya te fuiste de nuevo al planeta Martes? Le decía al profesor que su clase me encantó, que deberíamos hacer eso más seguido.

La miré y solo pude decir: Buena idea, me tengo que ir. Nos vemos luego.

Ana me miró extrañada pero, por primera vez, desde que la conozco, no le di tiempo para preguntar. Me fui, no quería que me interrogará sobre mi bajo estado de ánimo, además, si le llegara a contar lo que he hecho la pierdo y a ella no la voy a perder, a ella no.

Atte: Sr Mapache Escritor

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