El olor del pan


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En cierto momento de mi capacitación escuche a mi instructor decir “El olor del pan recién horneado deberían colocarlo en un perfume ambientador “, en ese momento todos reímos, pero creo que le voy a robar su idea.

Por supuesto es broma, pero a quien puede desagradarle ese olor, de solo imaginarlo ya la boca comienza el proceso de degustación imaginario que recoge un apetecible pero poco duradero momento, imaginar el sonido al romperlo con las manos, el color de la corteza, la textura de la masa recién horneada y por supuesto el olor, ese que desata esas ansias proclives a atentar contra nuestra figura.

Activar nuestros sentidos, representa la más sincera virtud de este maravilloso regalo de dios. Por supuesto no todos somos bendecidos al momento de preparar esta delicia, los pocos a quienes de verdad nos apasiona el proceso de hacer pan debemos honrar a los pioneros de esta profesión educándonos constantemente y más aun practicando sin descanso para ofrecer la calidad que tanto nos gusta y la cual queremos y debemos compartir.

Cuando con las manos preparamos esos pastones de masa, vamos integrando ingredientes tan simples, pero que a su vez van moldeando ese olor tan característico, sutil, placentero, único que define la simplicidad de nuestra existencia y ayuda a crear momentos únicos junto a familiares y amigos que perduraran en el tiempo.

El olor del pan es incomparable, seamos agradecidos de poder disfrutar ese momento divino.


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