CURSO INTRODUCTORIO FILOSOFIA PERENNIS - CAPITULO 7 - EL SIMBOLISMO


CURSO INTRODUCTORIO FILOSOFIA PERENNIS - CAPITULO 7 - EL SIMBOLISMO

B:.

En comentarios anteriores mencionamos que el lenguaje ordinario no puede expresar correctamente la naturaleza supra-formal, atemporal, y universal de las Realidades Superiores.

Que el lenguaje ordinario solo puede servir en cierta forma de soporte para el trabajo interno que debe operarse para despertar ese “Centro Especial” que esta simbólicamente representado por el Corazón, y que se trata una facultad de Orden Superior a la razón.

El Lenguaje del Simbolismo

En virtud al principio de correspondencia analógica que hemos comentado anteriormente, las Realidades Superiores pueden ser representadas por un lenguaje especial, formando un soporte más adecuado todavía que el lenguaje ordinario para despertar en el ser humano el Intelecto Superior.

Este lenguaje especial es el Simbolismo. El Simbolismo es la representación de lo de arriba, en lo que esta abajo.
Todo lo que está arriba, en las realidades superiores, posee una correspondencia con lo que esta abajo, en las realidades menores. Esta correspondencia opera como un puente que permite una comunicación entre realidades de diferente orden.

Un símbolo contiene, por la naturaleza de su correspondencia, una influencia que proviene de un Principio Superior, una conexión. Cuando el ser humano internaliza estos símbolos entra en comunicación con esta Realidad Superior que está siendo representada por el símbolo. La razón no puede entender completamente esta Realidad, pero la Inteligencia del Corazón si la entiende.

El Símbolo en el Corazón.

Algunos ilustran esta influencia del símbolo como una vibración, cuya onda hace vibrar los corazones en la misma frecuencia, produciendo una armonización que se produce entre el Símbolo y el Ser.

Otro ejemplo, es el de múltiples velos oscuros que cubren el corazón y que deben ser levantados, purificados con una luz que proviene de los Símbolos. En otras partes se explica que el corazón es como un pozo cuya agua esta revuelta y no puede verse la luz que emana de él, por eso se debe asentar el agua. Una alegoría similar es que el corazón es como un espejo que se encuentra sucio, y debe ser limpiado para que la luz pueda reflejarse correctamente en él.

Hay que puntualizar algo muy importante, y es que el Intelecto Superior no está realmente adquiriendo ningún conocimiento, sino despertando ante este Principio que ya contiene en internamente en potencia. Más que un aprendizaje es un Recuerdo.

Así como el cuerpo físico necesita alimento, así también el intelecto superior necesita alimento. El alimento del cuerpo es la comida ordinaria, mientras que el alimento de la realidad superior viene de arriba, de la luz ininteligible de los Principios.

El hombre se encuentra dormido, casi como un muerto, que debe ser lavado utilizando los métodos y técnicas que han sido transmitidos tradicionalmente desde la noche de los tiempos para lograr este despertar. Parte de este lavado y esta alimentación viene del trabajo con los Símbolos y las realidades que representan.

Los Símbolos pueden venir en forma de imágenes, de sonidos, de posturas corporales, de palabras, de movimientos, y todo tipo de ordenes de cosas. Cada Símbolo expresa, sugiere, y transmite una influencia.

Por ejemplo: las palabras son Símbolos de las Ideas, y las ideas son vehículos de la Influencia de las Realidades Superiores. Meditar en una idea, un atributo, etc. Nos conecta con ese Principio en virtud de la correspondencia analógica que ya conocemos.

El Trabajo Interno.

En todo caso, este trabajo de entender los Símbolos desde el Corazón es un trabajo interno, una practica constante del caminante del sendero. Trabajo Interno que es de orden particular, que nadie puede hacer por otro, y que antiguamente se refería a él como la Gran Obra.

En esta Gran Obra existen muchas ayudas, y así como se puede recorrer un camino solo, sin provisiones y a pie, también se puede hacer en compañía de guías, en caravana y sobre una buena montura.

Es un viaje que ya pocos hacen, y un destino que pocos tienen la intención de emprender. Lo más difícil de este viaje es que la ayuda externa solo podrá ayudar como soporte a despertar lo que ya se posee internamente.

El caminante debe mantener su intención y sus acciones en orden, asumir la responsabilidad de sus frutos y esforzarse en culminar esa Gran Obra con éxito. Ya que “cada quién obtendrá por lo que se esfuerce”.

En el próximo comentario hablaremos sobre este esfuerzo, y sobre este trabajo interno que debe operar el caminante del sendero hacia las Realidades del Corazón.


Comments 0