La negra Amapola


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Fente

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¿Así, Amapola, así? Le pregunto y ella no dice nada. Ella tiene los labios apretados con sus dientes grandes y fuertes que asoman como blancos pistilos. Amapola me mira de medio lado con esos ojazos como diciéndome más, chúpame más, diablito. Entonces la huelo más de cerca y llevo mi boca a su pétalos de ébano, resuelllo profundo, la consuo y una larga fila de hormigas salvajes me baja por la garganta y me van llenando por dentrocon ese exquisito aroma a madera añeja quue tiene la negra Amapola. Ella se mete bajo la colcha y entonces entro yo como un murciélago a su madriguera oscura donde ensayan sus coros los grillos y voy mordisqueando su negro queso aquí y allá aquí y allá mientras ella aguanta la respiración hecha de jadeos y sudor. La negra Amapola va soltando sobre las sábnas ese picor escabrooso que sale de su cuerpo y yo me meto dentro de ella y le pregunto ¿así, Amapola, así? Ella se ríe cuando yo la muerdo con mis dientes de ratón y luego oigo sus tenues quejas y quebrantos a medida que la arieto y el alborozo sube coon mis dedos hasta su pecho de chocolate que late y late caliente y le pegunto ¿así, Amappola, así? Amapola sabe cuánto gozo me trae cada vez que ela viene a la cama y se mette a jugar comigo. Suu botón en flor tiene ese sabor dulce y umami que se encuentra en el mamey. Su pimienta entra a mi nariz y me inflama los cachetes, me enciende a cara, me nubla la mirada. Arriba o debajo de ell tripeo con su frenesí. Relamo sus pétalos. A lo máás esencial de la Amapola bendita entro yo y precio cómo muevee ella sus espigas galopando libre al viento en círculos con su vientre, cómo s cimbra el papiro moreno. La negra Amapola húmeda y aromática, agitada por un furioso vendaval estira ssus dedos antillanos, me jala los cabellos, me aruña los huesos de los hombros y la carne de la espalda. La negra Amapola jadea de nuevo. La negra Amapola uda otra vez un tropical pantano sobbre mi porra y el aliento se le hace hipo y le florece aún más la carne silvestre con ese dolor bonto. Cuando su flor poliniza, la negra Amapola entristece. Entonces emboquillo su boca y le canto al oído Amapola, lindísima amapola, será siempre mi alma tuya sola, yo te quiero, amada niña mía… y de la negra Amaola salen lagrimitas de chocolate puro y yo me las tomo y voy cayedo en una especie de desmayoo ¿así, Amapola, así? hasta quedarme profundamnte rendido entre sus brazos.

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Gracias por sus lecturas

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Comments 2


Jajajaja. He disfrutado este texto como se disfruta una fruta jugosa y dulce, @oacevedo! No ha quedado pedazo que no saboreara con placidez y éxtasis. Tu negra Amapola, mujer metáfora, ánfora, angora y mamey. Besos para ti.

06.08.2019 18:27
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Jajaja, @nancybriti, me complace que lo hayas disfrutado con placidez y éxtasis.
Un beso muy grande para ti, mujer.

07.08.2019 00:29
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