Un moisés a la deriva del río


Saludos, amigos de Steemit.

Regreso con este relato que dejo en sus manos para su amable lectura.

Espero que lo disfruten.


Un moisés a la deriva del río

Muy temprano en la mañana salí a caminar con la intención de hallar pensamientos que me trajeran serenidad para sustentar las noticias del desasosiego de ayer. Deambulaba sobre la joroba del puente que divide en dos mi ciudad fundada con la atávica espuma de mar cuando vi un moisés que venía flotando a la deriva del río. Las aguas presurosas se convertían en refractantes espejismos y a pesar de esto me pareció ver en el interior de la canasta dos criaturas sublimes abrazadas por la corriente.
Bajé por algunos escalones de derruida argamasa; traspasé las ruinas de una fortificación colonial, situada al este de la iglesia, que se desmoronó sensiblemente a cada paso que di entre sus arcos; llegué a la ribera donde los manglares ejecutan su danza de acuática pasión retorcida; las ramas desprendidas de un framboyán ancestral que algún rayo partió en la serranía del Turimiquire viajaban sin conciencia al oceánico abrevadero.
Entré a las aguas con el corazón en la boca, hundí mis pies y mis piernas en la arena movediza del torrente y me zambullí en las cintas resplandecientes que acababa de mirar desde arriba.

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Ahora casi anochece y aún prosigo hilando encajes en mi labor. Tengo a las dos chiquillas en un lugar tranquilo y seguro. Una de ellas tiene sus ojos abiertos y me mira fijamente como una lechuza suplicante en el colecho improvisado con hojas caídas del otoño y espigas de palmeras. La otra se agita a cada momento sobre las mantillas, sus labios tiemblan con gérmenes de palabras como si fuera a expresar algo durante mucho tiempo meditado y luego su inquietud se aplaca; se hace pacífica su respiración y después de un breve parpadeo en seguida vuelve a su letargo.
A ambas las sustento con pan humedecido en refrescos de miel porque no hay leche en mi pecho. Con cantos de jade hago suaves frotaciones sobre los frágiles cuerpos de mis pajaritas gemelas a la par que les doy almendras masticadas de mi boca y pequeñísimos sorbos de agua acarreada del molino.

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Beldad y Verdad las he bautizado, salpicándolas en las frentes con gotas del mismo río que enlaza mi ciudad de azul celeste saturada. Ahora las estoy celando bajo la blanca luz de la convalecencia.
En el confinamiento de mi hogar pongo mis índices entre sus manitas huérfanas para que sientan el fluir de la sangre como un moisés en el río. Velo en voluntario silencio a las vírgenes expósitas que hacen fluir las oraciones al fondo de mis pensamientos.

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