El huésped (relato corto)


image.png

Fuente

El huésped

#

#

La noche estaba colmada de sonidos. El río crecido mantenía en alarma a los habitantes de la casa que permanecían despiertos a pesar de que sus párpados caían como el aguacero. Desde temprano pasaban restos de madera, animales muertos arrastrados por las corrientes del riachuelo, por lo que permanecían a la expectativa. Alumbrados con una lámpara y abrigados con colchas cada uno, permanecían afuera en mitad de los moquitos y la noche escuchando el rugido que hacían las aguas al pasar. De repente, como si nada, llegó él.

#

**

#

Los niños se quedaron sorprendidos al ver la estatura del hombre y su delgada y bien vestida figura. Buscaba refugio de la tormenta. Como buenos cristianos, la pareja le dio asilo. Le pusieron un colchón en la sala, le dieron agua caliente, alimento y algo de café. También, de la nada, dejó de llover, por lo que pudieron todos volver adentro y dormir tranquilamente. A la mañana siguiente, los niños vieron cómo el padre y el recién llegado trabajaban arreglando los desastres que había provocado la crecida del río. También, con los días, vieron cómo los dos hombres trabajaban pasando horas bajo el sol limpiando, sembrando las tierras, las cuales se veían más nutridas y prósperas.

#

**

#
#

El padre llegaba a la casa más contento y vigoroso, riendo y conversando sobre las vicisitudes del día al lado del recién conocido. La madre también se veía más joven y lozana, más contenta en los quehaceres diarios de la casa. La comida era suculenta y abundante, la cual dejaba a los hombres satisfechos y a la mujer risueña.

#

**

#
#

Un día los niños vieron cómo el colchón, que por meses había estado en la sala, fue llevado a la alcoba matrimonial. Pero era tanta la alegría de la casa, que nadie hizo ningún comentario al respecto. Así, por meses, la felicidad era el alimento cotidiano de las mañanas, de las tardes y las noches.

#

**

#
#

Un día, volvieron los días de lluvia y los dos hombres salieron a arreglar una cerca destruida. La mujer permanecía nerviosa y con especial cuidado asomada a la ventana. Ya en la noche, cuando todo era oscuridad y silencio, y la tormenta había pasado, solo uno de los hombres volvió a casa. Nadie preguntó ni dijo nada. Lo importante era mantener aquella felicidad recién estrenada.

#

#

HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS


Comments 0