Ligur Colombo


Ligur Colombo

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Había tomado el único asiento disponible en la cabina del bus el cual abordé a destiempo, pues, siendo poco más de las diez y treinta de la mañana se me había pasado la hora de inicio de mi cátedra en el centro de arte y estudio contemporáneo donde yo fungía de mentor. El trayecto hasta el centro de la ciudad, era de no menos de ocho kilómetros partiendo desde mi residencia al lado del muelle naviero. Lugar donde abordé el transporte público, el cual, por su parte, se tomaría exactamente media hora más, para poder arribar a la “Casa Vieja”. La _casa vieja_, era el nombre dado por estima, al antiguo recinto de un monasterio de frailes franciscanos, en el cual funcionaba, para aquel entonces, el centro de cultura de Distrito. Espacio educativo donde durante años yo he impartido clases. El mismo lugar que ahora se me hacía tan distante debido a mi retraso, me parecía estar dentro de un túnel donde el tiempo avanzaba lento, más bien avanzaba hacia atrás. Como si las manecillas del reloj conspiraran contra mi sentido de puntualidad, andando un espacio adelante y luego retrocediendo dos consecutivos.

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En el varadero de la costa _oeste_ de la ciudad donde vivo, encalló una embarcación tipo velero, réplica de la _calabera_, "La Pinta". Con motivo de los actos de conmemoración al descubrimiento de _Cartagena de Indias_, por parte de los españoles en su tercer viaje hacia tierras del mundo de las "Antípodas". Debido a mi gran curiosidad, en la búsqueda de información fidedigna, sobre un acontecimiento de tal importancia para los regionalistas del oriente del país, cuna de patriarcas y escenario ecuánime de la conquista. O como bien, reza otra parte de la reseña histórica, igualmente relevante, profesada por una fracción de la cultura tradicional contemporánea: “La invasión del territorio”, por parte del colonialismo. Este fue el causal de mi retraso, cuando tratando de hacer un acercamiento de la magnificente embarcación y procurando a la vez obtener una entrevista con alguno de los célebres personeros encargados de dramatizar la emblemática hazaña de la “Conquista”, perdí mi tiempo, parado en la _marina_ al pie del dique seco, aquel que conduce a la esclusa del canal embarcadero. Lugar donde no había ni un alma, que me pudiera atender, para brindar tan siquiera algo de información acerca del navío.

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Apenas pude sacar un boceto a mano alzada de la calabera. La cual a su vez, me impactó por su diseño aeronáutico de gran calado. Haciendo imposible para mí, poder creer que aquella embarcación tan ligera de apenas treinta metros de largo y sesenta toneladas de peso, hubiera sido empleada para la realización de un viaje oceánico con zarpe desde la España de finales del siglo catorce. La calabera lucía intacta, tan real en cada detalle, que no me hubiera sorprendido ver salir de ella a un fraile de la misión evangelista o al mismísimo _Rodrigo de Triana_, con su caleidoscopio en la mano y un pliego de cartografía antigua. Parecía estar detenida en el tiempo, aquella nave, con su esvástica de color rojo, ondeante, dibujada en la izada vela al viento sostenida del mástil mayor. Sin embargo, tuve que conformarme con el hecho de no obtener pesquisa alguna y desistir de la idea de entrevistar a algún histriónico dramaturgo, pues, aun con mi carnet de identificación de la división de cultura, el cual colgado al cuello, pensé en usarlo con toda la intención de denotar alguna influencia sobre la parte organizativa del evento. No me sirvió de nada en aquella ocasión, cuando la nave estaba tan sola como un abandonado buque salido victorioso después una larga batalla naval o varado por restauración luego del extenso viaje por el atlántico. Opté finalmente por dirigirme a la parada del bus en el cual subí y continué sentado tratando de aplacar mi sed de conocimiento, mi ansiosa inquietud, por encontrar algún retazo de historia de manera fortuita, en cualquier rincón del mundo, siempre con miras a enriquecer mi cátedra.


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[](https://www.duran-subastas.com/joaquin-sorolla-boceto-para-colon-1953.html)


> Fue así, que sostuve un diálogo con el caballero que venía de pasajero en el bus, el cual sentado a mi lado, se tornaba inquieto y desorientado, a tal punto, que parecía desvariar. Estuve atraído por el atuendo que vestía, al mejor estilo de la colonia. El camisón de dril con puños y flejes, chaleco de finísima cuerina de color vaqueta y una cota de malla, ligera, con pequeños eslabones metálicos. Broches de oro y zapatillas de marinero taconadas. También recuerdo su sombrero de alas con el emblema real y su nombre bordado en hilo; <>. Era uno de esos sombreros, que por lo regular suelo ver en la feria de cada año, para las fechas, de la fundación de la _primogénita del continente_.

Inicialmente, aquel hombre, se dirigió a mí con cierto modal y forma singular de expresión, gesto que me dejó atónito de antemano:


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_ _¡Estimado caballero!, sírvase usted de mi tan agraciado gesto de amistad e inmensurable muestra de cordial afecto, me remito a preguntarle, cual ha de ser la hora y el día exactos, en estas latitudes de tan lejanas tierras._

_ _"Once, ante meridiem"._ Respondí, forzosamente, siguiendo su juego de cortesía y dialecto de _Castilla..._

_ _Quedo entendido, que la referencia que usted se ha servido en ofrecer, corresponde a tan solo un lapsus anterior al cenit, equivalente al corriente día. ¿Cierto estimable caballero?_

_ _¡Correcto, señor!_. Repliqué. Suponiendo de su lenguaje ortodoxo, que por lo menos había entendido que era una hora antes del mediodía.

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Continuó:

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> _ _¡Pero, sin intención de causar molestia alguna!. Me diría usted, de ser tan amable y condescendiente, ¿Qué día corresponde a exactitud de este mes Augusto?, teniendo en cuenta, claro, que cursamos la Novenésima octava década del cuarto siglo correspondiente al único milenial transcurrido después de la era de nuestro santísimo señor Jesucristo, mismo año, de la misión evangelizadora que encabezo, la cual, trae por cometido fin, descubrir el nuevo mundo._

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_ Le dije, _¡Hoy es doce de Octubre!._ Pensando de mi parte, que aquel hombre continuaba con su práctica de la _teatrina_ para el espectáculo conmemorativo preparado para la fecha en curso.

Respondió finalmente, con tono asertivo:

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> _ _¡Agradezco de sus buenos oficios y notable intención de ayudar!, pero según mi bitácora, los datos ofrecidos por el sistema astrolabio, enmarcado en la proa de mi embarcación, veo que usted, respetable señor e intachable caballero, tiene severos problemas de orientación en cuanto a tiempo y espacio se ha de referir. A menos, que se considere usted un "viajero del tiempo", no creo que me haya brindado las coordenadas más precisas... ¡Reciba usted, este presente de mi parte!_

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[](https://esefarad.com/?p=36206)


Y así, bajándose en la siguiente parada del bus, me regaló un pequeño espejo pulido con el sello de la corona. Diciéndome que debía volver a _"La Pinta"_ con inteción de partir hacia aquel lugar donde pisó tierra firme por primera vez. Donde a pesar, de que allí, le habrían llamado "Hombre Malo", _(Macuro)_, debía ser, ése el lugar donde, luego de sus dos anteriores viajes, ahora en este tercer intento, le correspondería izar por fin su bandera.

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Terminó mi viaje al pasado. Ahora en mi oficina, luego de estar sentado, por horas, en un asiento del transporte público. Al fin, sentí haber encontrado algo de material histórico para anexar a mi amplia biblioteca. Fidedigna versión, salida de la propia boca del almirante "Ligur Colombo".




FIN





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