Maria Luisa y el viento



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Cerca de una hermosa playa vivía una joven de piel morena, de ojos y cabellos negros como el azabache llamada Luisa María.
Ella disfrutaba mucho el caminar por la arena y le encantaba coleccionar caracoles de mar.
Una espléndida mañana, en la que Luisa María se encontraba sentada en la orilla contemplando aquel ancho mar, mirando las gaviotas volar, en aquel inmenso cielo, de repente sintió como una suave brisa le susurró al oído y escuchó una voz que le dijo:
-Quiero ser tu amigo.
María Luisa asombrada, casi asustada, miró a ambos lados y no visualizó a nadie.
Luego escuchó la voz una vez más que le decía:
-¡No temas!, me llaman el viento, estoy tan viejo ya, mi misión es soplar, soplar soplar, no me detiene nada y ando sin descansar.
María Luisa que aún no salía de su asombro, le preguntó:
-¿Cómo es que quieres ser mi amigo, si no puedo verte?
Él le contestó:
-Porque aunque no me veas, sé que me sientes, así pasa con todas las personas y ni por eso me toman en cuenta, me siento solo, a pesar de mí andar de un lado a otro. Yo quiero a alguien que me escuche, alguien a quien contarle mis aventuras de ese ir y venir, por eso te he elegido a ti para que seas mi amiga.
María Luisa, le respondió:
-¡Está bien!, desde hoy seré tu amiga y tú serás mi amigo.
El viento soplando de alegría le dijo:
-¡Gracias por aceptar mi amistad!. Seré tu amigo fiel y tú serás mi más bella compañera.
Un pacto de amistad, debe ser eterno. Tener un buen amigo o una buena amiga vale más que todo el oro del mundo, es como tener un tesoro, por ello debe cuidarse día a día y llenarla de detalles.
María Luisa y el Viento son un bello ejemplo de amistad sincera, llena de inocencia, amor, comprensión, compañerismo y a pesar de sus diferencias, esto no es impedimento para que una buena relación amistosa se consolide


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