Desaparecido




Una madre lloraba desconsolada por la calle llena de transeúntes. Gritaba una y otra vez el nombre de Ricardo, el cual rebotaba y resonaba por todos los edificios. Su voz, desgarradora y llena de miedo, hacía que los trabajadores de las diversas tiendas salieran a ver que sucedía.

Muchos la veían, muchos le preguntaba que sucedía, y ella gritaba que se habían llevado a su bebé, a su pequeño, mostrando la última foto que tenía en su celular a todo aquel que se acercaba.

Como era de esperarse, nadie lo reconocía, nadie lo había visto, nadie sabía su paradero. Así habían pasado cinco horas, pero la mujer no se daba por vencida caminando por todas las calles de la ciudad. Sus pies se encontraban en carne viva, llenos de ampollas, pero ella ignoraba el dolor, ya que el que sentía en el pecho era aún más fuerte.

La policía buscaba, con los escasos datos que la mujer les había aportado barrían el lugar donde el niño había desaparecido. Algunas patrullas se habían trasladado a la residencia de la familia, para interrogar a vecinos y conocidos. El resultado en todos lados era el mismo: nadie sabía nada.

Ricardo tenía cinco años, era un niño activo, con mucha curiosidad y una hermosa sonrisa. Su cabello era rulo de color castaño, ese día, el último día que lo vio su madre llevaba un suéter naranja del rey león y un pantalón beige. Por más descripciones que daban, nadie conocía nada acerca de aquel niño.

Los oficiales le recomendaron a la mujer mantener la calma y esperar en el hogar, por si los secuestradores hacían contacto. Pero después de cinco días nada sucedía. El padre del niño salía cada día a buscar con los oficiales en la calle; hasta que dejaron de realizar recorridos, tenían nuevos casos, nuevas víctimas, con el niño no tenían esperanza.

Aun así, su padre inició un grupo con amigos y vecinos, recorrían el vecindario haciendo las mismas preguntas una y otra vez. Su mujer solo lloraba y lloraba todos los días encerrada en su cuarto con el alma hecha pedazos. Muchas noches en su mente creía escuchar el llanto de su pequeño clamando por su madre. Su marido, en vista de la situación llevó a su mujer con su suegra, donde le dieran refugio y le ayudaran con su corazón herido.

En cada esquina de la ciudad, en cada pared, en cada semáforo, habían letreros con la foto del pequeño Ricardo. Todos conocían su caso. Las noticias día tras día mostraban su imagen y contaban la trágica historia de como un día en el parque se volvió un infierno. Su madre lo vigilaba mientras jugaba en la caja de arena, pero durante dos minutos se dirigió al comprador de conos de helado para entregarle un refrigerio a su pequeño.

Un refrigerio que nunca llegó a disfrutar, ni a ver, porque cuando la mujer volvió ya su hijo se había ido. Ninguna de las madres notó nada extraño, ni forcejeo, ni gritos, nada que alarmara... se especula que fue un conocido quien se llevó al niño.

No existía un motivo para el secuestro aparentemente. Nadie tenía problema con la familia, no tenían mucho dinero.

Después de semanas y semanas, nadie reportaba nada. Los oficiales tomaban la investigación como un homicidio; ya no daban esperanza de encontrar a Ricardo con vida. Pero su madre sí. Ella mantenía la fe. Rezaba y oraba por su pequeño en conjunto con su madre, quien siempre le tomaba de la mano y lloraban en conjunto ante la foto del pequeño...

Quizás sea casualidad o simplemente la forma en que suceden los hechos en este mundo, pero el día que Ricardo apareció el alma de su madre se estremeció una vez más.

Llovía, habían pasado tres meses desde la desaparición del pequeño, ella aún vivía con su madre, no aguantaba la idea de estar en su casa sin su pequeño. Ese día bajo la lluvia corría a toda prisa hacia su casa.

Dentro la casa se mantenía tal cual ella la dejó hace tanto tiempo, su esposo se encargaba de mantener todo impecable, sin embargo el lugar era lúgubre, más oscuro de lo habitual. Subió a su habitación y tomó los papeles que había ido a buscar de los cajones, recogió alguna ropa y descendió la escalera... cuando escuchó el ruido del agua colándose por la ventana del sótano.

De seguro a su esposo se le había olvidado cerrarla y ahora todo se inundaría. Dejó el pequeño equipaje frente a las escaleras y bajó rápidamente.

Al abrir la puerta la pestilencia golpeo el rostro de la mujer, las moscas danzaban y andaban de un lado para otro. No había entrado aún demasiada agua así que se acercó a la ventana y montándose en una silla la cerró.

Iba a salir cuando algo llamó su atención. Justo en un sofá al lado de la escalera estaba un pequeño suéter, naranja con el dibujo del rey león en su parte delantera. La mujer, sin saber si su mente le jugaba algún truco lo tomó examinándolo, estaba limpio, sin manchas, sin daños. Su corazón latió de prisa, desesperada giró de prisa mirando alrededor, pero la luz era tenue.

Con manos temblorosas encendió la luz de su celular y girando por todo el sótano visualizó los objetos que ella conocía. Muebles viejos, un librero roto, su vieja casa de muñecas, una lámpara, no... No era una lámpara, era una cámara digital en una base. No recordaba haberla comprado. A su lado estaba un cajón lleno de cajas de CDs.

Siguió buscando a su alrededor, sentía algo estaba muy mal, un miedo aterrador se lo decía. Alumbró la pequeña cama de Ricardo, una que habían dejado guardada en el sótano cuando compraron una nueva mucho más bonita y grande. Tenía las sábanas de spiderman que tanto le habían gustado al pequeño, pero sobre el colchón algo estaba demás.

Lo primero que vio fue su pie, estaba un poco morado, su cara estaba irreconocible, muchas moscas habían dejado sus larvas en él, su pecho desnudo estaba verdoso... Sin poder mirar, la madre devastada salió del sótano llorando, gritando y pidiendo ayuda, había encontrado el cuerpo de quien había sido su bebé.

El niño tenía cuatro días de haber fallecido. Lo habían mantenido con vida durante todo ese tiempo, recibiendo torturas, violaciones, cada una grabada y documentada.

Los investigadores determinaron que fue violado por su recto, su miembro había sufrido daños. Le habían golpeado, azotado y cortado. Tenía innumerables fracturas en sus manos, sus pies, una costilla y el cráneo. Se determinó que la causa de muerte fue un golpe, con un objeto contundente que se encontraba en la escena, un bate de béisbol. Cada acto imperdonable había sido filmado con al cámara que estaba en la habitación. Todo ello infringido por su propio padre.

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