Yo sigo aquí. Microrelato pranormal.


Yo sigo aquí.

En esa oportunidad me levanté más temprano de lo que acostumbro, y varias inquietudes me azotaron el pensamiento con malas premoniciones, y unas imaginaciones que nunca me habían llegado a la mente con ese tenor.

Algo me asesoraba en mi interior para que no saliera, pero una fuerza superior hizo que a las 7 de la mañana agarrara la vía hacia el centro, específicamente a la avenida Bolívar de mi ciudad San Juan de los Morros, y procurara hacerme de unos víveres, que tanto necesitaba para mi casita.

Y no me equivoqué en mis presentimientos pues al pretender cruzar, un carro que violó la luz roja, me arrolló ya casi llegando al banco Mercantil, y vi como mi cuerpo quedó tendido e inerte sobre el piso mientras yo emprendía una sola carrera hacia el hospital, y pedía a gritos que levantaran mi cuerpo de ese pavimento indeseable.

Las personas se acercaban y se asombraban al reconocerme:

_Sí, es él, el maestro Lecumberre, el de música. Duró más de 35 años dando clases, y ese ha sido su trágico y triste final.

Me devolví para presenciar cómo se iba aglomerando la gente alrededor de mi cadáver, pero yo estaba ahí tratando de convencer a las personas de que no me había pasado nada, y que solo mi parte física había sufrido. Pero nadie me oía aunque les daba golpes en la cabeza y palmadas duras para que me prestaran atención.

Nada pude subsanar para que me hicieran caso, y decidí quedarme tranquilo, y ver lo que hacían. Me llevaron a hacer la autopsia de ley, me prepararon y me metieron en un sarcófago de mucho brillo, pero yo no sentía nada. Luego, en la noche fue el velatorio en una funeraria conocida, para que me enterraran al siguiente día. Pero yo no sentía nada.

También me entero de cuando mi familia me va a visitar al cementerio.

Y ha pasado el tiempo, pero nunca dejo de intentar convencer a la gente de que sigo vivo, a mis familiares les comunico que estoy bien, pero es como una barra cristalina que impide que me escuchen.

Lo que sí me ocurre es que nunca dejo de estar consciente, y sé que mi cuero cada día es consumido dentro de ese sarcófago bajo tierra.

Ojalá que algún día pudieran escucharme.


Comments 0