"Coco" y la ardilla. Microrrelato.



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"Coco" y la ardilla.

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La niñez tiene como particular característica de belleza a la ingenuidad, esas acciones y reacciones que experimentábamos a tan tierna edad y que, gracias a Dios, está presente en todos los humanos.

A finales de siglo XX, tal vez, en 1997, solíamos ir los fines de semana a la finca de un amigo a quien todos le decíamos "Chipilón".

Generalmente era los domingos cuando nos pasaba recogiendo en su vieja camioneta azul y, después de hacer los aportes para los gastos, nos íbamos cantando al ritmo de un cuatro que tocábamos varios de los asistentes, de manera específica, Julio Arévalo, Freddy Herrera y mi persona.

También nos acompañaban unos 2 o 3 niños, como "Coco" un hijo de Julio, de unos 9 años.

Por la parte posterior cruzaba un río delgado, y en la vegetación pululaban animales como turpiales, araguatos, cachicamos, ardillas y muchos otros.

Nuestra atención cobró fuerza fue cuando vimos a "Coco" pegando carreras detrás de una ardilla que, como para
seguirle el juego, esta dejaba que el niño le llegara cerca, y trepaba veloz a los árboles.

"Coco" se iba por las orillas, y seguía en procura de atrapar a la escurridiza ardilla. Se tomaba un descanso, y volvía impetuoso a perseguir a tan ágil cuadrúpedo mientras los adultos observábamos haciéndonos los desentendidos.

Ya a golpe de 6 de la tarde, "Coco" estaba extenuado, y con esa inocencia se nos acercaba a contarnos:

—¿Vieron cómo estuve a punto de agarrar a la ardilla?

Nos veíamos cómplicemente, y le decíamos:

—Sí, "Coco", lo que te dañó la cacería fue que oscureció muy pronto. Pero la próxima vez llegaremos más temprano.

A veces me encuentro a "Coco", y me dan ganas de invitarlo a que vayamos en su carro a la finca de "Chipilón" a ver si ahora puede atrapar a tan incómodo y huidizo animal.

FIN.


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