Entre el espejo y la huella


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Llegó el 2020, y estamos a punto de vernos al espejo, y diremos: «nos hicimos viejos».

Irène Némirocsky, el espejo y la huella que se esfumó. El año se fue con el último domingo de la década, se fue con el avión que iba lleno de miradas a las sombras del cielo. Como aquella merideña que se fue en el 2010, y ahora camina triste. Como el falconiano que cruzó la frontera de vuelta y murió triste.

Mi primo está entre las paredes de hielo, y tu hermana se ve a lo lejos. El año se fue con la memoria de quienes murieron en el recuerdo. Tú y yo estamos en fronteras disimiles. El año que se fue... y lo que va quedando, se repite meciéndose como el resignado.

Fíjate nos estamos poniendo más viejo, y los que se fueron también, y la maldad se rejuvenece. Pero te digo que hacerse viejo como país, significa refugiarse en el destierro unívoco del olvido. Pero hay que decir ¡basta!.

A mí no me importa más nada, que querer ver a mi país libre. Digan lo que digan, si fue o no una sentencia, si fue una amenaza entre risas de tirano, o un reto al orgullo del soberbio ególatra que dijo: “hasta el 2021”.

En mi país se olvida el que luchó y murió. Se olvida al primer hombre que lo advirtió. Mientras que en cadena nacional de Radio y Televisión, el psicólogo recomienda cerrar ciclos este año 2020.

Quisiera preguntarle a los venezolanos: ¿Acaso lo que sucede en Venezuela es solo un ciclo?

Escrito por Jhon A. Romero.-


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