Soñar el futuro con educación, fútbol y biodiversidad a pesar de la pobreza


Cumplir dos años en “la escuela más bonita del mundo” es más que constancia, es un compromiso. Es convertirse en parte de las figuras más constantes en la vida de los 300 niños de la UE Padre Juan José Zugarramurdi II de la comunidad Juana La Avanzadora, la zona más pobre de San Vicente, un sector ubicado al sur de Maracay.

Un compromiso como el que asumen estos niños, junto a sus maestras y padres, por tratar de ir la mayor cantidad de días, hacer las tareas en muy escasas condiciones materiales, conseguirles un desayuno, lavarles el uniforme, coserles los zapatos, darles un abrazo, mantener el ánimo por estudiar y finalizar.

He visitado sus casas. Pisos de tierra, techos y paredes de madera y zinc que apenas los protegen de los elementos. Hay decenas de rendijas, tapadas con plásticos y lonas, por donde el agua de lluvia invade sus colchones, enseres y ropa. Cuando es muy fuerte, paralizados en medio del lodo, cuentan que han perdido muchas de sus poquísimas posesiones.

El bien más preciado son sus colchones. Hasta dos adultos y ocho niños pueden dormir y vivir allí. Cuando no los usan colocan puedes ver algo de ropa, bolsas de arroz y pasta, productos de higiene personal e incluso ollas. Su espacio personal es mínimo, la seguridad del hogar es poca y el espacio común lo es todo. Los chamos están afuera, no en el patio, sino en las vías de tierra que surcan la comunidad, apenas divididos de sus vecinos, con quienes muchas veces comparten un árbol o una pared.

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“En mi casa no hay grifo”, dijo uno de los niños, causando las risas de todos, cuando el instructor le preguntó sobre qué había aprendido de un video ecologista, en que un extraterrestre invitaba a pasar de ser un hombre despilfarrador a uno consciente. Ellos trataban de adaptar la realidad del cortometraje animado, donde un hombre desperdiciaba recursos al ducharse, lavarse los dientes, lavar los platos, usar una computadora, conducir su carro o usar vasos desechables.

Y la conciencia infantil se elevó a pesar de las diferencias. Los 25 niños que se graduaron de sexto grado estaban en el Museo de Diversidad Biológica del PN Henri Pittier, al que los llevamos como premio por su graduación de primaria. Muy irónicamente, no había luz en el lugar desde hace dos semanas, así que colocaron una planta eléctrica para proyectar el audiovisual.

Con luces de celulares pudimos ver muestras de animales disecados de toda Venezuela, incluyendo el cráneo de un inmenso Caimán del Orinoco hasta los populares monos araguatos. Jugaron y conversaron con Carlos de BIOTS, con quienes hacemos estos paseos, quien además de organizar juegos ecológicos, les habló de las especies invasoras como el pez león. Vieron una lectura dramatizada de Aquiles Nazoa, específicamente “Un sainete o Astrakán, donde en subidos colores, se le muestra a los lectores la torta que puso Adán”, una versión humorística del Génesis de la Biblia.

Aprendieron y discutimos sobre el tráfico ilegal de animales salvajes, que no deben tenerse como mascotas y cuyos hábitats debemos proteger para también salvarlos a ellos. Era inmensa su emoción de ver los animales disecados tan cerca, la mayoría por primera vez y conocer muchos otros.

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En el patio jugamos fútbol, lo que me dejó sorprendido del talento y fuerza que el profesor Ender ha sabido pulir y promocionar en las niñas. Jugamos ellas contra ellos, perdiendo estrepitosamente. Ellas juegan fuerte, hábil y rápidamente, acostumbradas a jugar mezcladas con niños en la escuela y en una liga amateur local en las que el profesor funge de entrenador de las escuadras de todas las categorías de edades con alumnos y alumnas de la escuela. La goleadora de la liga es nuestra becada Nazareth Pirela.

El paseo, que incluyó merienda y chistes en el autobús, se realizó una semana después del acto de graduación, donde no sólo se agasajaron a estos 25 chamos que ahora van al liceo sino también a otros 75 pequeñitos que terminaron su año en preescolar, pasando ahora a primaria.

Allí llevamos tres tortas, cada una con un color que conforma la bandera nacional, recibimos un reconocimiento de su parte, los escuchamos, abrazamos, felicitamos y empezamos a hablar con los padres de los posibles becados para el año que viene. Pero además aprovechamos para repartir, por el Día del Niño y la Niña cientos de juguetes donados por Yumaira Muzaly junto a decenas de mamás.

Así que estamos buscamos madrinas y padrinos para sufragar los 10 dólares mensuales que les otorgamos a las familias con el compromiso de seguir estudiante, llevar la boleta con buenas notas, seguir en contacto con la escuela para ayudarnos en las jornadas de alimentación y no tener hijos, como un compromiso de total dedicación escolar.

Pero también quienes nos apoyen con fondos y alimentos para seguir alimentando a los 300 niños de la escuela, seguir mejorando su infraestructura e invitarlos a soñar, no sólo a comer.

¡Se nos graduaron los muchachos!


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