Pequeños ladrones - Relato


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Los ladridos del viejo perro despertaron a Julián. Hacían varios días que estaban desapareciendo las gallinas de su pequeña granja. Ahora, estaba preparado para la ocasión, tomo su escopeta y salió sigilosamente de la cabaña.


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A medida que se acercaba al gallinero, sentía los latidos de su corazón con mayor intensidad. Era un hombre de bien y nunca había usado su arma contra otra persona. Temía lo peor, al tener que enfrentarse con el ladrón de gallinas. Se detuvo en la entrada, conecto unos cables a una batería de camión, haciendo que se encendieran unos bombillos que tenía distribuidos a los alrededores de la granja. Inmediatamente entro para sorprender al ladrón. El sorprendió fue el, eran 4 niños, entre 10 y 12 años de edad.

Los pequeños ladrones se asustaron al verse descubiertos y especialmente por el arma que les apuntaba. Al ver su cara de horror, Julián, como hombre cristiano de buen corazón, bajo la escopeta y entablo una conversación con ellos. Los niños les pidieron perdón, juraron que nunca más robarían sus gallinas, que los dejaran irse. El campesino los invito a pasar a su casa, le dio un plato de sopa a cada uno y perdonándoles los robos, les ofreció que lo ayudaran en su pequeña granja y recibirían un pago honesto por ello.

A partir del siguiente día, los pequeños rateros pasaban las mañanas en la granja, ayudando al hombre con todos los trabajos, alimentando a las gallinas, recogiendo los huevos y organizando las cajas para las ventas. Pasado un tiempo, Julián compro unas vacas para vender leche fresca. Tenía problemas en la cintura y bajar al mercado del pueblo todos los días era difícil, entonces los chicos se encargaron del comercio.


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Un día recibió la visita de Doña Mercedes, quien venía a reclamarle que la leche estaba muy floja, no era leche fresca. El reclamo dejo al hombre pensativo. Por la mañana siguió a los chicos, sin que estos se dieran cuenta y descubrió que a mitad de camino, paraban para buscar unos envases con agua que mantenían oculto detrás de unas rocas. La mezclaban con la leche para ellos vender más y quedarse con el dinero. Engañando a los compradores y al bueno de Julián.

Los niños, con lágrimas en los ojos, le pedían perdón. Querían seguir trabajando en la granja. Juraron que no lo volverían a hacer. Fue una travesura, estaban consientes de su error y con trabajo duro resarcirían el daño. Julián, era un hombre muy noble. Decidió darles otra oportunidad, pero ahora deberían esforzarse más y pedir disculpas a los que compraron la leche mezclada.

Tres años pasaron de ese hecho, el campesino estaba cada vez peor de la cintura y el médico le dijo que tenían que operarlo. El dinero para la cirugía estaba reunido, ahora solo restaba determinar una fecha. Los 4 chicos, habían crecido, ahora eran unos adolescentes. Se encargaban de todo en la granja. Julián los reunió para informarles que bajaría al pueblo para hablar con el doctor y ver si mantenían los mismos costos o necesitaría más dinero. Todos quisieron acompañarlo, pero les dijo que no, que se quedaran trabajando. Los jóvenes le dieron un fuerte abrazo.

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El sol estaba ocultándose cuando Julián regreso a la granja. El doctor Gonzales le informo que todo se mantenía igual, que podían planificar la cirugía para el siguiente lunes. Los dolores de cintura acabarían y podría trabajar al lado de los chicos. Quería llegar rápido para darles la buena noticia.

La gran sonrisa que adornaba su rostro fue desapareciendo a medida que se acercaba a su cabaña.

Las gallinas estaban sueltas, vio una de las vacas bastante alejada del granero. Sintió un pitido en sus oídos, solo podía escuchar los agitados latidos de su corazón. Entro a la cabaña. Todo se encontraba destrozado. Su habitación fue destruida. Los jóvenes habían hecho añicos todo a su paso, hasta que encontraron el lugar donde Julián tenía todos sus ahorros para la operación. Lo volvieron robar. Un llanto de dolor y rabia embargo al buen hombre.

Nunca más vería a los jóvenes, los ladrones tomaron un autobús a la ciudad capital.

Las latas guindando en su habitación sonaron fuertemente y lo despertaron, la trampa para atrapar intrusos estaba funcionando. Haciendo un esfuerzo y usando un bastón, se levanto de la cama. Había transcurrido un año desde que los jóvenes desaparecieron con sus ahorros. Con la otra mano agarro la escopeta y salió de la cabaña. Tomándose su tiempo, conecto los cables a la batería. Se encendieron los bombillos. Atrapado en una red que guindaba sobre un árbol, estaban 3 niños ladrones de gallinas.

Los pequeños ladrones estaban asustados. Llorando le pedían al campesino de buen corazón que los perdonara. Juraban no volver a hacerlo.

Julián les sonrió, eran solo unos niños. Eran unas travesuras. Sintió sus latidos acelerarse. Se apoyo en el árbol. Apunto la escopeta en direcciona los ladrones y apretó el gatillo.

-Las ratas siempre ratas serán.- dijo


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07.12.2019 15:27
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08.12.2019 07:55
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