The mysterious street. Weekly Contest, "Creating Stories Week #7" / La calle misteriosa. Concurso Semanal, "Creando Historias Semana #7".



Imagen de Thomas Wolter en Pixabay




Esta es mi entrada para el concurso Weekly Contest, "Creating Stories Week #7". /Concurso Semanal, "Creando Historias Semana #7" de @adeljose



Como de costumbre, Oliver ha olvidado nuestra cita; era la tercera vez que ocurría. El mesero recogió los platos limpios que reposaban frente a mí, tan vacíos como mis esperanzas de verlo llegar; la pequeña mesa del café Ole, lugar donde tuvimos nuestra primera cita, se encontraba tan sola como al momento cuando me senté.


Mis dedos habían arrugado la cubierta y la anteportada del libro que disimulaba leer, la perfecta tapadera para las miradas inquisidoras de las señoras que cacareaban en las mesas circundantes. La página número 50 seguía mirándome burlonamente desde hacía más de 30 minutos. Cortésmente, el mozo señaló el café frío que tenía frente a mí, negué con mi cabeza y sin hacer comentario se fue tan rápido como había llegado.


Una pequeña vibración me mostró un mensaje como muchos otros que ya acostumbraban acumularse en mi bandeja de entrada: “Lamento haber olvidado nuestro almuerzo, la próxima vez te lo compensaré”


Sorbí un poco del amargo brebaje antes de dejar la propina en la mesa.


La última frase retumbaba en mi cabeza como queriendo grabarse a cinceladas en mi débil autoestima. “La próxima vez, la próxima vez...”,


Sería la última vez que me dejaría plantada.


Convincentemente, ese día dejé de lado el decoro y decidí indagar la actividad que desgastaba nuestra íntima rutina.


Era viernes por la tarde, finalizaba el verano y los días se acortaban. Conseguí seguir, por más de 20 calles, el inconfundible Renault 5 amarillo pollito de Oliver. Había pedido prestado el Volkswagen Fox de mi buena amiga Erika, le mentí al decirle que mi auto estaba en el taller, pero no deseaba inmiscuirla en mi alocado arranque. Estaba segura que me tildaría de celosa, tal vez de acosadora o quizás de algo peor y terminaría por sermonearme una vez más de no haber abandonado esta relación.


Fui precavida, llevaba una gorra, unos lentes y una chaqueta para que no me reconociera ningún conocido. Finalmente, se detuvo frente a una librería, una tienda que por su aspecto parecía ser construida en la época de inquisición. Me pregunté si aún había personas que seguían usándolos para algo más que ocultar las frustraciones.


Dos chicas, una pelirroja de nariz prominente y una morena de lentes muy gruesos salieron del establecimiento y se le unieron. Todos vestían los mismos atuendos, unas largas túnicas oscuras ¿Acaso Oliver pertenecía alguna clase de secta que desconocía?


Siguieron a pie hasta la entrada de una calle o callejón, nunca he entendido la diferencia. Aceleró el paso mientras agitaba sus manos de un lado al otro, quizás estaba ansioso o acaso ¿era emoción? Miraron hacia ambos lados y luego doblaron la esquina, esperé unos segundos para bajarme del auto y seguirlos, pero cuando llegué a la esquina, la calle estaba tan desierta como mis esperanzas de sorprenderlo ¿Acaso mi imaginación me estaba jugando una mala pasada? Estaba segura de haberlos visto entrar. La próxima vez me aseguraría de no perderlos de vista. La próxima vez...


Pero por más que lo intentaba, siempre desaparecían como por arte de magia. Cada vez que doblaban la esquina, ¡puf!, ya no estaban. Así que me armé de valor y decidí quedarme a esperar a que saliera, sin importar que me tomara todo el día y posiblemente la noche.


Escogí un banco acogedor y extendí las hojas de un periódico frente a mí.


Esperé, esperé y esperé, me parecía que había pasado horas sentada en ese pequeño banco, aun así jamás regresó.


Estaba harta de esperar, pronto me di cuenta de la ridiculez que estaba cometiendo. Perdía mi tiempo. Me sentí como una niña tonta esperando la llegada de Papa Noel en Septiembre. Pero no me quedaría de manos cruzadas...


Mientras mascullaba un nuevo plan y quizás una alternativa de no volverlo a ver jamás y así de una vez por todas dejar de atormentarme con las posibilidades de un futuro incierto; llamaron mi atención los gritos reprimidos de una señora que se detenía frente a la entrada de la calle misteriosa. Su cuerpo rechoncho era difícil de pasar desapercibido, además, su sombrero de plumas hacía ver su cabeza más pequeña de lo que parecía. ¿Quién usaba sombreros con plumas?


Era hilarante ver sus intentos fallidos de mantener el orden; la decenas de chicos y chicas que venían con ella seguían sin hacer caso a las advertencias que les hacía, murmuraban entretenidos, inquietos, saltando, sonriendo, expresando un extraño júbilo por entrar a una calle desolada.


--¡No se alejen, manténgase juntos!- ordenó la señora de cuerpo ancho por enésima vez. Al igual que Oliver, ella miró hacia ambos lados de la calle y apuró su paso al doblar la esquina. Un par de chicos se mantenían conversando desprevenidos ante las órdenes de la señora y quedaron rezagados.


Me armé de valor y me colé entre ellos para seguirlos. Esta vez llevaba una camisa manga larga a cuadros, un sombrero de ala ancha y una larga falda acampanada. Una ropa que jamás usaría aun siendo la última pieza que quedara en el mundo. Los seguí muy de cerca, sin llamar la atención. Había visto muchas películas de detectives y la primera norma de seguir a alguien era jamás hacer contacto visual. Así que mantuve mi vista baja y pasé desapercibida.


Repentinamente, el callejón se hizo más grande de lo que lo había apreciado anteriormente. Tan amplio y lleno de vida como jamás hubiera imaginado; a cada lado había estanterías y comercios; decenas de personas se encontraban abarrotándolos. Y sin darme cuenta me encontraba en un mercado persa o así me pareció. La calle súbitamente estaba atestada de gente.


Cientos de olores impregnaban el aire. Unos eran dulces, penetrantes, repelentes, quizás agrios y algunos hasta repugnantes.


Me separé del grupo y me deslicé entre los atareados y distraídos transeúntes.


--¡Abran paso, abran paso! –Advirtió un pequeño chico, empujando a las personas que estaban frente a él; haciendo la alharaca cada vez más fuerte para abrirse camino. Pero no era un niño, quizás un hombre de muy baja estatura pensé; sin embargo, había algo inusual en él, tenía orejas muy grandes ¿puntiagudas?, sus dedos eran extremadamente largos al igual que su nariz en comparación al tamaño de su cuerpo. Una cosa que he desarrollado bastante con práctica, es mi visión periférica, tan precisa como una cámara de seguridad de alta definición. Verdaderamente, el personaje tenía un aspecto grotesco.


---¡Debo llegar rápido a Gringots!– gritó de nuevo el pequeño engendro, no habría mejor adjetivo para describir su aspecto peculiar. -¿Qué diantres será Gringots?- despreocupada dejé escapar la pregunta en el aire -No hay banco más seguro que Gringots, señorita–respondió amable, una voz gruesa proveniente de hombre alto de tez oscura y ojos saltones, usaba un pequeño sombrero, como lo suelen usar los turcos y algo parecido a un vestido colorido que cubría su cuerpo hasta los pies, y sin esperar mi respuesta, me guiñó un ojo y siguió su camino.


La muchedumbre me empujó sin cuidado alguno, de repente, sentí la fría superficie de un vidrio en mi hombro, un negocio bastante iluminado. -¿Qué clase de tiendas vende solo escobas?


Chicos estupefactos cuchicheaban sobre la nueva Nimbus 2000 o algo por el estilo, que brillaba en el centro de la estantería. Supuse que los chicos de la zona no tenían videojuegos en sus casas y se asombraban por cualquier cosa insignificante.


Me dispuse a explorar la calle inusual, escurriéndome entre las personas que la recorrían. Estaba repleta de tiendas cada vez más extrañas las unas de las otras. ¿Túnicas para todas las ocasiones? Una mueca de disgusto arrugó mi cara, tenían un estilo demasiado antiguo para mis gustos.


¿Arañas gigantes? ¿Cabezas reducidas? Mi cuerpo se tembló ante la idea de que alguna persona saliera de esas tiendas arrastrando alguna de esas cosas. ¿En dónde demonios me encontraba?


¿Lechucería? ¿Para qué querría una lechuza de mascota?


¿Varitas? Comenzaba a pensar que la calle no era del todo ordinaria como habría creído. Di un respingo cuando de las manos de un chicuelo bastante distraído, saltó un enorme sapo hacia mí, retrocedí al instante ante el verrugoso y escurridizo anfibio, chocando contra una pared, que al principio me pareció bastante acolchada para estar construida en medio de la calle.


Desprendía un olor a indigente o a algún colchón arrumado en la basura desde hace semanas. Subí la vista, por encima de lo que me parecieron 2 metros y medio, encontré una barba tupida. Unos ojos tiernos y apenados hicieron que un par de enormes brazos enderezaran mi compostura. -¡Lo siento mucho!- respondió torpemente.


El ulular reclamante distrajo mi atención hacia la enorme jaula que colgaba de su mano derecha. Una lechuza blanca que se veía molesta por el zarandeo a la que estaba sometida..


--¡Estoy seguro que se va a emocionar!- Comentó para sí mismo la montaña humana mientras se abría paso hacia la tienda de varitas.


Definitivamente, la situación ameritaba tomar algo fuerte ante tantas excentricidades, quizás mi mente me estaba jugando una mala pasada.


Afortunadamente, entre los cuchicheos y barullos, pude detectar el olor inconfundible de bebidas fermentadas, un establecimiento con un gran caldero colgando de un letrero, ondulaba como ofreciéndome un lugar seguro, lejos del bullicio, para aliviar la montaña rusa de emociones que saltaban dentro de mí…


Me abrí paso ante lo atestado del local y conseguí un lugar lo más alejado posible de la inusual gentuza que lo frecuentaba, finalmente, me senté a disfrutar de una burbujeante cerveza. Repentinamente, mi corazón dio un vuelco al oír mi nombre.


--¡Amelia! ¿Cómo demonios has llegado hasta aquí?


Oliver abría sus ojos de par en par. Llevaba una pila de libros amarrados con una cinta colgando de su mano derecha y en su izquierda llevaba doblada la túnica oscura que usaba anteriormente.


--Una mujer tiene sus medios- fue lo único que se me ocurrió decir, quitando del borde superior de mis labios la espuma.


Venía junto con la chica de los gruesos lentes, quien también tenía sus ojos tan amplios como un par de platos soperos. ¿Acaso tenían una aventura? Supuse que sería un buen lugar para hacerlo, ya que nadie prestaba atención a nadie en ese lugar.


Su angustiado semblante se relajó ante el cálido toque de la mano de su compañera. Era seguro que tramaban algo esos dos. ¿Quién demonios era esa chica? ¿Cómo se atrevía a tomarlo de la mano frente a mí?


Mantuve mi compostura escondiéndola tras un nuevo trago de la cerveza dulzona que había pedido, a pesar de su sabor, bajó amargamente a través de mi garganta revolcándose con la bilis de mis entrañas.


Cruzaron miradas y decidieron sentarse junto a mí. Afortunadamente, Oliver se sentó a mi lado y la chica frente a nosotros. Posiblemente la mejor estrategia para evitar que hiciera una escena.


--Hola!- apremió la chica, -me llamo Greta. Respondí a su saludo con una forzada sonrisa, que ni yo misma me creí.


La chica se marchó tras unos minutos. Quizás había leído mi mente. Estaba por desparramar todas mis frustraciones sobre Oliver. Pero de pronto me sentí con mucho sueño. ¿Había pasado tanto tiempo así? Pensé que no pasarían de las 6 de la tarde. Apenas era mi segunda cerveza o ¿acaso era la tercera?


...


El olor a café recién hecho llegó hasta mi cama. Me estiré bajo mis sábanas y eché una mirada a mi despertador. Marcaba las 8 y media de la mañana. Las tres letras siguientes evitaron que me diera un ataque al corazón. -¡Domingo!, Que alivio.


Junto al reloj, había una pequeña nota: “¿Almorzamos juntos? O.”


Apenas recordaba lo que había sucedido o quizás ¿soñado?


Una Erika enojada, por una razón desconocida, reclamaba el destino de su vehículo desde un mensaje guardado en mi celular.




Comments 4


Saludos amiga @jadams2k18

Interesante historia, sobre un mundo paralelo al cual llegó una mujer en busca de respuestas, luego de las repetidas ausencia de su pareja, y que al final no supo si fueron momentos amargos en aquel extraño lugar o solo un sueño en aquella madrugada del Domingo.

Gracias por su entrada al concurso.

Participante #36

01.03.2021 16:06
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Gracias a ti, por crear el concurso ^_^

Por cierto, pensaba que steemcurator siempre votaba estos tipos de publicaciones :/

02.03.2021 11:59
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Ellos hacen lo posible por hacerlo, amigo.

02.03.2021 20:23
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03.03.2021 12:21
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