Recuerdos arraigados | Memorias de un joven Timoteo 10#


Dos meses para el capítulo 10, lo sientoooo, pero bueno, otra noche a las 11pm, otro MJT.


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Recuerdos arraigados

En una ocasión, ya cursando 3er semestre, un grupo de amigos de distintas carreras y yo, estuvimos conversando con un profesor de Física, bastante conocido allá en la UDO, no solo por el tiempo que llevaba dando clases, sino también por su carisma y amabilidad. Este profesor, al que le pondré un apodo, para evitar algún problema más adelante, y también para darle un poco más de jocosidad al relato, nos estuvo contando algunas de sus anécdotas de años pasados, “Don Morralito”, nos relataba con cierta decepción: Muchachoos, antes esto era muy distinto, la población estudiantil era muchísimo mayor, la cantidad de profesores también. Entrar a la UDO era mucho más difícil, y el que lograba graduarse ¡ganaba un prestigio tremendo! Sí había estudiantes que la veían difícil, pero se podía echar pa´ lante. En esos tiempos, más de una vez le brinde un almuerzo a alguno de ellos, los motivaba a no rendirse, les echaba broma para sacarles una sonrisa, ¡trataba de mantenerlos centrados! Pero no me vean como la madre “Teresa de Calcuta", porque brindarles el almuerzo no me costaba un ojo de la cara, era bastante barato, aquellos que tenían pocos recursos debían su situación a ser parte de familias numerosas, donde solo había un salario en casa, o familias con algún integrantes con situación médica, o simplemente padres sinvergüenzas que malbarataban la plata y no invertían en el muchacho que estaba echándole ganas en la universidad.

Continuó diciendo: A día de hoy ustedes la tienen durísima, pero no sé qué les pasó a los que los antecedieron, no lucharon lo suficiente, se vendieron, se dejaron montar “la pata encima”, como dejaron que tantos movimientos fueran liderados por sinvergüenzas que llevaban 8 semestres viendo Mate II, sinvergüenzas sin visión a futuro, parásitos que hicieron de la UDO una clara representación de Venezuela ¡que injusticia que más de uno este fuera del país y no chupando la patria del legado de su comandante! Pero bueno, ustedes también tienen que luchar, esto del decanato ya se dio una vez, no dejen que esta sea la estocada que los acabe, yo sinceramente he estado muy desanimado con todo esto, y sé que muchos otros profesores también, poco a poco se irán quedando con menos profesores y la cosa no pinta bien, pero quedarse en casa a esperar un pasaporte y un pasaje que llegue milagrosamente es estúpido, sigan preparándose, miren, cuando yo comencé a dar clases, acá se trabajaba hasta tarde en la noche, una vez salí como a las 8:30pm y era tanta la cantidad de gente en la cola del bus que llegué a casa a eso de las 11pm, sí hubo momentos fuertes, sí hubo robos, pero nada comparable a esta locura, aquellos que tratan de justificar esta basura son simplemente una clara prueba de la mentalidad mediocre que se implantó “a punta de labia pareja” en muchos de los venezolanos.

En otra ocasión mi madre me contaba sobre el tiempo en el que quedó embarazada, me contó lo siguiente: Hijo, estaba triste, frustrada, desesperada, mis pensamientos me llevaron a desear la muerte, esa idea fue creciendo a tal punto que una vez, mientras caminaba cerca del río Neverí, oí una voz que me llamaba del rió, me decía, ven, acá encontrarás lo que necesitas, terminarás con todo, pero, al lado de una mata apareció un viejito, me dijo que me alejara de la orilla, me dijo “no oigas esa voz, es mentira, en la vida tomamos malas decisiones, pero, podemos corregir, o sencillamente seguir y en el andar puedes sacar algo bueno, aléjate, busca ayuda” mientras me decía aquello sentía seguridad, tranquilidad, ya no oía esa voz. Me alejé sin decirle nada, pero cuando volteé ya no estaba, lo busqué pero no lo encontré, supongo que habría sido un ángel que el señor mandó para preservar nuestra vida, hijo. Para ese momento no lo interpreté de esa forma, fui a un psicólogo para buscar consejo, pero al final solo me sacó la plata y no me dijo nada que me pudiera ayudar, por lo que decidí quedarme con lo que me dijo aquel viejito.

<p>Por mi parte, a pesar de ser bastante joven, también tengo recuerdos que se arraigaron bastante a esos valles de mi mente. Uno de ellos es de un acontecimiento de mi niñez; durante un 24 de diciembre, me encontraba tirando “fosforitos” y hablando tonterías con un amigo, cuando vinieron un grupo de muchachos a tirar algunos también. Todo marchaba bien, pero luego de un rato empezaron a lanzarlos cerca de nosotros a propósito, eran “fosforitos” bastante potentes, explotaban fuerte, tanto que fácilmente podían quemar parte de nuestra ropa o provocarnos una quemadura importante. Luego de esquivar un par, mi compañero se molestó y quiso enfrentarlos, pero eran mayores, lo estaban golpeando y eso me molestó, por lo que fui a tratar de defenderlo. No pude hacerlo, solo distraje al que era más grande y lo estaba golpeando primero, pero uno de sus compañeros salió a “continuar el trabajo”, en ese momento, varios muchachos del barrio nos rodearon solo para mirar, no comprendí porque ninguno de los “mayores” intervino. Me dejaron un moretón en la mejilla, y recuerdo haber llorado de rabia, no era el golpe el que me dolía, era la frustración de no poder defender a mi amigo en aquel momento.</p>
<p>Uno de mis tíos salió molesto cuando ya todo había terminado, pero el “líder” había huido al otro barrio, pero el otro que estaba involucrado si recibió su “escarmiento”, pues resultó ser familiar de una de los vecinos del barrio. Aquello me puso triste, al rato fui a mi casa y mi madre lo notó, y me dijo “hijo, no dejes que un mal momento arruine todo tu día”. Años más tarde, durante otro mes de diciembre, estaba en el patio de mi casa, acomodando mi camisa para luego salir un rato, para cuando me dispuse a salir, uno de mis tíos, soltó un comentario que cayó más pesado que un plato de espaguetis con caraotas a las 10pm, dijo “no vayas a volver a casa con otro moretón, oíste”, luego soltó una carcajada más forzada que las explicaciones que dan los chavistas para el fracaso de la revolución,  después me sonrió, supongo que esperando que me riera también, o qué sé yo. Salí y hable un rato con un amigo, para ese tiempo la mayoría acostumbrada salía a visitar a sus familiares que estaban en otros estados, así que fue una noche algo solitaria. Tiempo después me enteré que ese mismo tío tuvo un problema con un vecino y salió golpeado, como me enteré muchísimo después, no supe si sucedió ese mismo diciembre, pero recuerdo que pensé en aquel dicho popular “la lengua es el castigo del cuerpo”, que relaciono con la cita de proverbios que dice “el que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina”.</p>

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