Gracia de Nochebuena


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Gracia de Nochebuena

Desde hace algún tiempo yo he querido fotografiar a esta nueva chica del barrio Akkari. La vi por primera vez una tarde de septiembre y desde entonces no hay puesta de Sol que no decore su apresurado andar cuando abandona la zona comercial cada día, pasando frente al bazar donde trabajo. No me sé su nombre ni su edad exacta, sólo conozco su mirada fría y perdida que ignora todo. A esta hermosa joven nunca la he visto detenerse en alguna tienda ni preguntar algo. Parece que simplemente está muy ocupada. Tan sólo di con su dirección porque un día la seguí a escondidas hasta uno de los edificios viejos y agrietados de la zona sur del barrio Akkari en la que vive.

Aún no he sabido nada sobre sus gustos o personalidad, pero su sola presencia me atrapa. Puedo asegurar que muchas veces he estado ansioso de fotografiar chicas aquí en Marruecos, pero ninguna vez sin antes conocer a la chica en sí. ¿Así se sentirá estar enamorado?

Tan loco estaba por esta chica que hasta una ocasión rompí mi sueño de príncipe para estar muy temprano en la zona comercial. Tenía la idea de que si la esperaba ahí antes del amanecer, podría averiguar dónde trabajaba exactamente. Antes no he podido saberlo porque el dueño del bazar no me deja salir a dar vueltas.

Como dije, una vez interrumpí mi sagrado sueño y estuve temprano en la zona comercial. Casi ningún local había abierto. Hacía frío y se escuchaban varios ladridos y aullidos de perros, mientras los rayos del Sol apenas rociaban el lugar. Yo estaba agachado en el techo de una de las tiendas esperando ella pasara. Creo que me quedé dormido por un momento, pero desperté alerta cuando empecé a escuchar la apertura de tiendas por aquí y por allá.

Cambié mi posición de vigilia a persecución cuando en un parpadeo la vi salir de uno de los tantos callejones que llevan hacia la zona comercial. Como siempre, caminaba muy suelta y desprendida de todo lo que le rodeaba. Yo salté de tienda en tienda hasta que llegué a una con escalera lateral. Parecía yo un leopardo cazando. Pensaba la tenía, cuando de la nada empezaron a salir gente de todas partes y ya no pude verla tan fácilmente.

Sin duda, temía que mi jefe me regañara por llegar tarde al bazar, pero más temía perderla a ella de vista. Seguí caminando rápido a varios metros detrás de ella, cuando de pronto hubo el Sol salido por completo y ella desaparecido por completo también. Miraba hacia la izquierda, hacia la derecha, hacia atrás, pero nada, no había ningún rastro de ella. Casi me desarmo de la tristeza, pero la obligación de trabajar me empujó a caminar de regreso.

Di unos pasos y choqué con un grandulón que cargaba muchas frutas. Casi me parte a la mitad por esto, pero le ayude a recoger las frutas tan rápido como pude. Y sucedió que cuando levantaba la última naranja del suelo, sentí una mirada sobre mí, además de la del grandulón. Seguí esta impresión y ¡boom! Era la chica nueva en el mostrador de la joyería Hassan Amwaj. En cuanto la vi boquiabierto, ella en seguida dejó de mirarme y puso cara de concentración viendo hacia otro lado.

No me sentí con tanta suerte desde que compré mi ultimá cámara. Ignorando los últimos sermones que me lanzaba el grandulón, caminé como hipnotizado hacia la joyería. Ella aun no perdía su mirada de concentración ni me veía. Yo entre a la tienda de piedras preciosas como quien accede al Paraíso y de los nervios dije:

-Bella es Ahmed estoy por Dios, ¡hola! ¿te va cómo?

Naturalmente su expresión de extrañeza fue grande, pero no dijo nada. Sólo me vio con ceño fruncido como buscando explicación de mi razón de estar ahí y mis enredadas palabras.

Me recompuse un poco de mis nervios y logré decirle quién era, a qué me dedicaba y cuánto me interesaba hacerle una sesión de fotos. Saqué mi cámara para enseñarle mis últimas tomas y demostrarle así mi sinceridad en el asunto.
Creo ella se mostró curiosa al ver las fotos. Su rostro lo decía y, además, terminó agregando un:

-¿Todas fueron tomadas aquí en Marruecos?

Su voz dulce como la miel, me supo más dulce que cualquiera otra cosa que había probado. Fue encantador. Yo le contesté que sí y ella sólo agregó un seco: “bien”. Todavía con la ilusión de que me dijera que sí, le pregunté con tono respetuoso:

-¿Podemos agendar una sesión con mucha luz y joyas como las hay aquí?

Ella me miró con seriedad y negó con la cabeza. Yo levanté la mano como para decirle otra cosa para convencerla, pero en un tono ya no tan dulce pronunció:

-Señor, no puedo ayudarte, disculpe.

Del fono de la joyería salió un señor de mediana edad con barba prolija y con fina tela encima. Sus mano brillaban por los anillos con piedras preciosas que llevaba en varios dedos. Este sujeto, en sintonía con su apariencia, me miró despectivamente y le preguntó con arrogancia a la chica:

-Miriam, ¿pasa algo malo?

Ella pronto le dijo que se trataba sólo de otro tipo fastidioso, pero que ya me retiraba de la joyería. Ahí mis esperanzas se derrumbaron y casi yo también. Salí derrotado, realmente apaleado por su trato conmigo y sus palabras. Nada más me quedó el consuelo de saber su nombre. Aun pienso que conocer eso fue lo que me permitió llegar al bazar y aguantar todos lo regaños del jefe.

Al sucederme esto, me tomé a mí mismo como el desafortunado más grande del mundo para el amor. Sin embargo, mi suerte cambiaría.

Hoy soy dichoso. Después de una semana gris por lo sucedido, hoy puedo decir que cumpliré un sueño: fotografiar a Miriam. No resultará fácil de asimilar o creer, pero recibí ayuda de quien menos creí para hoy estar sudando por todas parte de la emoción.

Al estar tan decepcionado por lo de Miriam, necesitaba expresárselo a alguien para liberarme. Y entonces apareció Omaira. Ella es una chica de ascendencia española. Ella trabaja en el bazar desde mediados de año y he entablado conversación con ella algunas veces. Es una chica amable y muy trabajadora. Incluso me invitó para su cumpleaños vigésimo primero para que tomara algunas fotos.
Yo en verdad no quería comentárselo a nadie, a pesar de que moría por expresarlo. Pero debió ser mi cara de llena de tristeza y floja actividad en el bazar, lo que motivó a Omaira a preguntarme qué me pasaba. Como la vi realmente preocupada, le conté todo. Creo que incluso lloré. Ya habiendo soltado hasta el último gramo de decepción, ella me habló con la cara iluminada:

-Lamento que te haya pasado todo eso, Ahmed, pero tengo que decirte que yo conozco al señor engreído de la joyería. Es mi padrino. No trato mucho con él-entonces se dibujo una sonrisa en su cara-pero creo no se molestará si su ahijada le pide como regalo de cumpleaños tomarse unas fotos con una de sus trabajadoras.

Me repuse de mi asombro y le pregunté en voz baja:

-¿Acaso no le pediste alguna preciosa joya?

Omaira me respondió luego de una pequeña risa:

-Él preferiría regalarme un carro antes que una joya suya. De todos modos, ya no le pido nada a él. Pero puedo hacer la excepción por tu historia de amor.

Entonces aquí estoy, hoy domingo, parado al lado de Omaira, esperando llegue Miriam a una de las entradas de la zona comercial. Se supone de aquí nos iremos los tres a una pequeña villa a las afueras de la ciudad. He visto mi reloj no menos de veinte veces. Omaira me ha contado todos sus chistes para relajarme, pero como dije antes, estoy sudando por todas parte sin parar. Iban a ser las cuatro de la tarde, cuando con su caminar único, Miriam aparece de la nada. Naturalmente, acabo de tener un sobresalto, pero me contengo y ahora saludo con la misma tranquilidad que Miriam nos saluda a Omaira y a mí.

Empezamos a caminar hacia la pequeña villa que está a dos kilómetros de donde estamos ahora. Para romper el hielo, Omaira, empieza a preguntarle a Miriam sobre qué le parecía la zona comercial y si soportaba a su engreído padrino. Ella da respuestas cortas, pero con un todo relajado y con sonrisas intercaladas. Cada vez que Miriam responde, admiro toda su forma de expresarse y quizá ignoro un poco las respuestas en sí. Mi corazón acelerado y mi cuerpo flojo me cohíbe a introducir idioteces en la conversación como las del otro día en la joyería y sólo aparento aceptar con criterio todo lo que ellas hablan.

Mientras ellas siguen hablando, yo hago algunas tomas de prueba al paisaje árido y confirmo que la luz me favorece para esta soñada sesión. Ya casi llegamos a la villa. De repente, algo interrumpe mi expectación. Es la pañoleta roja de Omaira que se zafa de su cabeza y sale volando.

Ellas gritan por esto, pero las calmo. La pañoleta ya está en mis manos, aunque creo que pudo parar al Sahara con esa fuerte ráfaga de viento salida de la nada. Estiro mi mano para devolverle la pañoleta a Omaira, pero siento algo extraño en mi cuerpo cuando ella me agradece y sonríe.

Al fin estamos en la villa. Al estar ellas ya relajadas por su agradable conversación, me siento muy libre de fotografiarlas sin necesidad de pedirles alguna pose en específico o que me muestren sus sonrisas. Le tomo varias fotos a Omaira. Siempre tan encantadora. Creo los colores del atardecer le hacen bien a su tez blanca y delicada adornada con la pañoleta roja. Por alguna razón, me concentro en tomarle fotos desde los mejores ángulos posibles, pero noto me hace un ceña con la cabeza. Me pide vaya por mi sueño: capturar por la eternidad a Miriam en mis fotografías.

En seguida me dispongo a hacerlo. Abro mi lente para enfocar cuanto puedo su angelical y brilloso rostro. Es increíble tanta belleza. Sus labios rubí y ojos ámbar añaden una expresión exquisita a su ya perfilado rostro, bañado con doradas hebras por doquier. Los nervios van y vienen. Por fortuna, logro buenas fotos de ella.

Por un segundo miro a Omaira y luce complacida por lo que ve. De nuevo, me hace una ceña. Esta vez pienso es para que le entregue a Miriam el obsequio que le tengo.

Me armo de valor y digo:

-Omaira, disculpa, ¿podrías dejarnos a solas a Miriam y a mí un momento?

Por supuesto-contesta Omaira asistiendo.

-Pero qué es est…

Tranquila, Miriam, no haré nada malo-le digo con una sonrisa boba.

Miriam mantien su acostumbrada tranquilidad, pero curiosa me pregunta:

-¿De qué trata esto?

Yo balbuceo un poco:

-Es que, es que… es que yo tengo un pequeño regalo para ti. Sólo es, digamos, una carta donde expreso algunos sentimientos.

Acabado de decir esto, estiro mi brazo para darle la carta a Miriam. Ella se nota algo sorprendida, pero no hay ningún gesto negativo luego.

Miriam abre los labios un poco como para decirme algo, pero los cierra de nuevo. Los aprieta. Se acomoda el cabello un poco y suelta sus labios para decir con contundencia:

-Eh, esto es muy lindo de tu parte, Ahmed… pero yo me voy a casar con Moulay, mi jefe en la joyería.

Ella esconde la carta un poco de mi vista y noto un gesto de compasión en su cara. ¿Acaso me veo tan mal ahora? Voy a hablar. Si, tengo que decir algo. Dios siento como una piedra en mi garganta, ¿qué es esto?

Miriam se acerca un poco a mí y con sus manos junta las mías para devolverme la carta. Los nervios tienen control total de mí, pero creo que niego con la cabeza. Agarro fuerza para hablar y digo lo que he tenido en mente:

-¿Podrías siquiera leer la carta, por favor?

-¿Eso quieres? Ya te he dicho que…

-No importa. Seré feliz con que sepas mis sentimientos.

Miriam abre la carta por completo y empieza a leer. Su rostro toma diferentes formas en el proceso. Incluso hay sonrisas. Cada expresión facial suya me llena de vida de nuevo. Quizás si dejé mi corazón en esas letras y ella puede notarlo.

Miriam cierra la carta y con brillitos en los ojos, se acerca a mí con los brazos extendidos. Me da un abraza corto al que no sé cómo reaccionar. Debe ser el mejor momento de mi vida en mucho tiempo.

De la nada, yo logro decir:

-Pronto llega la Navidad y compartirla contigo sería mi mejor regalo.

Creo los dos estamos impactados por lo dicho. Ella, sin embargo, da unos pasos hacia atrás y abre la carta como para buscar algo en ella.

“...porque mi amor por ti es una necesidad.”-lee Miriam muy pausadamente. Luego ella pregunta sería: ¿crees que el amor es necesario?

Seguro que lo es. Hace que el mundo siga girando-contesto yo.

Miriam sigue leyendo: “...aún sin conocerte mucho, sé que eres la indicada para mí.” ¿Cómo puedes estar tan seguro? Antes hasta te trate mal.

Yo he querido, yo he querido.. no sé cómo completa la frase y entonces ella me interrumpe leyendo otra parte de la carta.

“Si eres un poco menos que yo, no es problema. El amor no hace caso a las edades.”Esto podría ser cierto a veces-dijo Miriam en tono triste.

Yo me reincorporo y hago un esfuerzo mayor al de antes y pregunto:

-¿Qué sucede, Miriam? ¿por qué hablas así?

-Ahmed, el amor es complejo. Yo seré esposa de un hombre veinte años mayor que yo, al cual poco conozco y con quien en verdad no siento ninguna necesidad por compartir nada. ¿Podrías llamar a eso amor? Yo siento que algunos en esta vida tienen la suerte de hacer lo que quieran, pero otros, como yo, sólo somos esclavos de alguien más. Tú eres libre de declararme tu amor, pero yo no de corresponderte.

Al momento, veo que a Miriam se le salen varias lágrimas de sus ojos ámbar. Yo quiero consolarla, pero ella inhala muy hondo y luego dice:

-Tuve que aceptar el trabajo en la joyería, a pesar de haber estado estudiando, porque mis padres estaban mal económicamente y no podían hacer nada. Mi papá, quien conoce al señor Moulay desde hace años, me ofreció como su flamante esposa a cambio de un trabajo para mantenerlos a él y a mi mamá.

Justo ahora me siento absolutamente devastado. Creo que ni respiro de toda la tensión acumulada. Veo que Miriam se acerca a mí de nuevo y me abraza sollozando. La abrazo muy fuerte. Tan fuerte como me es posible, aún estando tan débil.

Esta escena no dura mucho porque siento vuelve Omaira y Miriam se aparta de inmediato. Miriam hace un ademan de positividad y Omaira le responde con otro. Ella contesta:

-Chicos, ha sido una bonita tarde, ¿no? Pero ya está oscureciendo. Más vale que volvamos a la ciudad.

El camino de regreso no fueron dos kilómetros. Fueron ocho kilómetros por todo el silencio y los pensamientos que me embargaban. A penas Omaira habló unas cosas, y Miriam le respondió tímidamente. Desde hace apróximadamente una hora dejé a Omaira en su casa, luego de haber dejado a Miriam en la suya también y ahora estoy sentado en la entrada de la mía. Creo que en mi cámara tengo las mejores fotos que he tomado jamás, pero me siento como si fuesen las peores.

Víspera de Navidad

He estado trabajando muy duro hoy en el bazar. Mi jefe se ha soprendido y me ha felicitado. Dice que si sigo así, me invitará para su gran festín de fin de año. Mientras tanto, yo no sé que será de mi vida. Ni siquiera sé que haré para Nochebuena. Puede que le lance trozos de pan a los perros que deambulan por mi casa. ¡Vaya entretenimiento!

Llega la última hora de trabajo y voy recogiendo algunas de mis cosas. En ese momento me interrumpe Omaira, que no lo había visto desde el pasado triste domingo. Anda muy resplandeciente y me cuenta con gran entusiasmo todo lo que ha comprado su familia para celebrar Nochebuena. Ella me pregunta qué planes he hecho yo, y le cuento lo de los perros. Ella se ríe mucho y me vuelve a preguntar lo mismo. Mi respuesta vacía de “no sé” creo la deja preocupada y entonces es cuando mi invita a su celebración familiar. No acepto por no tener ánimos, pero me insiste tanto que termino accediendo a su invitación.

La pasarás genial, Ahmed. Mi familia te recibirá como si fuera la tuya, ya verás-me dice Omaira con el mejor de los ánimos.

Suspiro y con gran esfuerzo alcanzo a decir:

-Muchas gracias, Omaira. Trataré de llevar algo.

Sin embargo, varias horas después, ya cuando muchas familias han de estar reunidas, yo estoy en la puerta de mi casa viendo al cielo buscando alguna esperanza. Me da pena con Omaira y su familia, pero me siento tan seco como el Sahara y el Kalahari juntos. No hay mucho que pueda brindar. Pienso que lo mejor es irme a dormir. Me sacudo el pantalón y alejo a los perros que se quieren meter conmigo a la casa, cuando escucho una voz gritando: ¡Ahmed, Ahmed, espera!

Volteo hacia donde viene la voz y veo que viene corriendo Omaira con un vestido sumamente hermoso. Ella toda está hermosa.

-Ahmed, ¿qué haces aquí? En mi casa te hemos estando esperando desde hace dos horas.

Oye, no estoy de ánimos-contesto seco.

Omaira pone cara de preocupada y se acerca a mí para preguntarme:

-¿Qué te pasa? Tú no eres así. ¿No deberías estar contento porque por fin fotografiaste y te le declaraste a la chica de tus sueños el domingo pasado?

Precisamente por eso estoy mal-respondo en voz baja y con la cabeza gacha.

¿Cómo?¿qué fue lo qué pasó?-me inquiere Omaira enseguida.

Le explico todo lo sucedido y mis sentimientos afloran como ocurrió cuando le confesé a Omaira lo que sentía y quería con Miriam la otra vez.

Ella dice:

-Por como estuvo tu cara y la de ella cuando regresamos de la sesión supe algo no andaba bien. Pero no quise preguntarte nada. Yo-ella continúa-estuve algo enferma estos días y por eso no te había buscado ante para ver qué había sucedido. Lo siento.

-No te preocupes. No es para nada tu culpa.

Luego de esto Omaira me pide busque mi cámara. Entro y salgo en un instante. Para mi sorpresa, ella la toma y la enciende como si al conociera muy bien. Busca en las carpetas y llega a las fotos del domingo y selecciona un suya con un hermoso fondo florido.

Todo no puede ser tan malo-ella me dice. ¿Te gusta esta foto?

Si, una de las mejores de ese día-respondo.

Entonces pueden haber muchas más así porque yo puedo ser tu modelo cada vez que quieras-me dice Omaira en un tono muy dulce antes de darme un beso en la mejilla.

Justo con ese beso siento lo mismo que cuando le entregué la pañoleta y me agradeció con tanto carisma. La emoción súbitamente es emboscada por todo mi cuerpo y recobro la esperanza que había perdido. No lo puedo creer y con mucha fuerza abrazo a Omaira.

Ahmed, no me vayas a aplastar, por favor. Todavía quiero comer-me dice con voz sofocada.

La suelto y nos reímos un momento. Luego, me toma de la mano y empieza a correr. Llegamos a su casa y toda su familia grita mi nombre como si fuese una celebridad. Pronto me sirven comida y me hablan con gran afecto, mientras Omaira me ve con suma felicidad. Al final, creo que va a ser una Navidad memorable al lado de quien menos pensaba.

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¡Gracias por leer y feliz fin de semana!


Comments 2


Hola amigo, veo que está historia te inspiro mucho, gracias por compartirla con nosotros!! Saludos!! :)

19.12.2020 03:22
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Holaa, amiga!! Muchas gracias por leer.

Abrazo.

19.12.2020 16:55
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