Infancia marchita



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Hoy de nuevo la orientadora del colegio intentó comunicarse con mi tío, en mi cuaderno hay una recopilación de notas escritas a mano para él, cada una coincide citándolo urgentemente a la institución y finaliza con una línea donde debe firmar mi representante para corroborar que fue leída. Sin embargo, todas van acumulándose sin sentido. De hecho la psicóloga en ocasiones se ha tomado la molestia de acompañarme a casa con el propósito de hallarlo y platicar algunas cosas pendientes sobre mi educación y conducta, pero termina marchándose ya que mi tío jamás aparece.

Me gusta caminar, es lo que más suele agradarme ir al colegio o retornar, aunque nada me espera en ese hogar disfruto el poder sentirme libre vislumbrando los árboles y a los niños tomados de las manos de sus padres. Tengo el hábito de transitar por el parque y sentarme en los columpios, me encanta usarlos es como sobrevolar e intentar penetrar el cielo donde viven mis dos angelitos. Hay días que toco y desbarato con mis pies las nubes, esa es la parte divertida.

Cuando mi tío no está la señora Dolores mi vecina, es la única que me brinda su hogar para impedir que pase hambre o duerma solo, me hace un pequeño lugar en el sofá de su sala y se preocupa por abrigarme en las madrugadas.
Soy huérfano, jamás conocí a mis padres y tampoco entiendo cómo una criatura indefensa puede terminar en manos de una persona tan egoísta como él. A su lado nunca he conocido un arrumaco de cariño, lo más cercano a una rozadura ha sido empujones, y golpes en la cara, lo cual por poco me hace perder el ojo, pero gracias a los cuidados de la señora Dolores sané rápidamente, y esta otra fracción se llama tristeza.

Infinidades de veces e intentado tener algunos detalles con mi único familiar, he ido a la tienda del señor Maldonado y he comprado pan y leche con el dinero que me he ganado por asear la fachada de su negocio, desayuno la mitad y la otra la coloco en la mesita de noche con una notita:

Que tengas un excelente día tío, fui al colegio:
Atentamente: Rodrigo
:)

Al regresar veo la nota en la basura y el desayuno intacto. A veces cuando tío permanece en la casa lo observó dormir, ronca como un camión viejo y nada lo despierta es como un oso que duerme por mucho tiempo. Y cuando pasan los días y no sé nada de él especulo cosas muy fea e imagino que se abre la puerta y entra su espíritu para atormentarme.

Últimamente me he sentido muy solo, no tengo amigos. Mis compañeros suelen tratarme con desprecio, se burlan de mis zapatos y los remiendos de mi pantalón. Constantemente vivo en problemas, lo triste es que no soy culpable porque los demás niños me culpan de todo y yo simplemente no me defiendo, la gente me maltrata para reprenderme como si el hecho de no tener padres les diera el derecho de castigarme.
En fin...

Hace poco llegué a casa y estaba la moto de Julián el mejor amigo de mi tío estacionada en la delantera, mi corazón se aceleró y me puse frío como si fuese a desmayarme, pero fui valiente y abrí la puerta, al cruzar por la sala los vi echados en el mugre sofá tenían los ojos muy rojos y mi tío permanecía inmóvil con algo blanco en la boca. Julián parecía feliz, movía los brazos y miraba el techo dejando escapar risitas extrañas. De pronto, Julián me gritó y me reclamó el hecho de estar en mi propia casa, no dije nada solo me retiré a mi habitación, estaba desconcertado y me dieron ganas de llorar, lloré hasta quedarme dormido.


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